La Antártida en peligro

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La Antártida se derrite más rápido de lo esperado y las consecuencias tendrán eco en todo el planeta. De momento, el deshielo masivo y temprano ha provocado una gran mortandad de pollos de pingüino emperador. Esta tragedia es un mensaje de alarma y un grito de auxilio de la Naturaleza para que abandonemos ya nuestro actual modelo de consumo energético basado en los combustibles fósiles.

Es el último continente virgen, un mundo helado que debería permanecer prístino para el disfrute de las generaciones futuras y el mantenimiento del equilibrio del planeta, pero no está siendo así y es mucho lo que nos jugamos.

Sus 14 millones de kilómetros cuadrados lo convierten en el cuarto mayor continente, que en su mayoría (98 %) está cubierto por una gruesa capa de hielo de 1,9 km de espesor de media. La masa de hielo y las duras condiciones climáticas que imperan han sido su gran escudo frente a la insaciable codicia human, escudo que se ve reforzado por el Tratado Antártico, que no permite su uso militar y que prohíbe su explotación minera hasta 2040.

La Antártida es la región más ventosa, seca y fría del planeta: un desierto de hielo donde se han alcanzado los -89,2 °C, pero donde ahora también se sufren algunas de las olas de calor más inusuales e intensas del mundo.

CONTINENTE VIRGEN Y EN PELIGRO

A pesar de su protección, el Polo Sur está amenazado por la llegada de especies exóticas invasoras y por casos de gripe aviar, registrados en Bird Island. Asimismo, nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y el acelerado deshielo que provocan, la ponen en grave peligro.

Según la ONU, la extensión de hielo antártico en el invierno austral de 2023 fue la más baja desde que se tienen registros satelitales, un millón de kilómetros cuadrados menos (dos veces España) que el anterior mínimo histórico de 2022. Además, el British Antarctic Survey confirma que el derretimiento de las plataformas de hielo en la Antártida occidental es más rápido e inevitable de lo esperado y seguirá en este siglo, hagamos lo que hagamos. Aunque limitemos el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, el hielo antártico seguiría derritiéndose tres veces más rápido que en el siglo pasado. Y esto tiene graves consecuencias para la vida antártica, ya que el hielo marino proporciona refugio a muchas especies, desde el krill al pingüino emperador.

© PETER FRETWELL@BAS_web
Pollos de pingüino emperador.

PINGÜINOS EMPERADORES, HACIA LA EXTINCIÓN

A finales de 2022 la Antártida soportó temperaturas de hasta 40 °C superiores a la media habitual, que provocaron un récord en el deshielo marino y la muerte de más de 10 000 pollos de pingüino emperador, lo que provocó que cuatro de las cinco colonias asentadas en el mar de Bellingshausen perdieran todas sus crías.

Como explica Emily Grilly, Manager de Conservación Antártica de WWF, “el emperador es el único pingüino que se reproduce en el invierno antártico y depende del hielo marino estable para reproducirse. A medida que aumentan las temperaturas regionales, la ruptura del hielo marino se adelanta en primavera. Algo fatal para los polluelos que aún no han desarrollado sus plumas impermeables de adulto ni han aprendido a nadar. El destino de estas aves está estrechamente ligado al hielo marino y el 98 % de sus colonias podría estar al borde de la extinción para 2100.”

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El 3 % del agua del planeta es dulce y dos terceras partes están en la Antártida, congeladas.

LO QUE PASA EN LA ANTÁRTIDA NO SE QUEDA EN LA ANTÁRTIDA

Aunque lejano a nuestras casas, el deshielo antártico no solo pone en peligro a los pingüinos, afecta a todo el planeta y amenaza a nuestro futuro con subidas en el nivel de mares y océanos –que inundarán muchas regiones costeras, incluso países isla– y con cambios en las corrientes y en el clima global.

La Antártida es la mayor reserva mundial de agua dulce.

El 97 % del agua del planeta es salada y dos terceras partes del 3 % restante es agua dulce congelada en el hielo antártico. Su deshielo podría cambiar la temperatura y salinidad del océano, lo que provocaría un colapso en las corrientes marinas y en muchas pesquerías.

Por si esto fuera poco, su derretimiento contribuye a la subida de temperaturas, alimentando un círculo vicioso, ya que el hielo antártico es clave para regular el clima porque refleja la energía solar hacia la atmósfera y el espacio, mientras que el océano oscuro absorbe la mayor parte de la energía solar que recibe.

NUEVO FRACASO EN TASMANIA

Decepción y preocupación tras el cierre de la 42ª reunión anual de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), donde los 27 países reunidos en Hobart (Tasmania, del 16 al 27 de octubre) negaron una mayor protección a la Antártida.

Mientras la ciencia llama a la acción climática urgente y alerta de que la Antártida está en un punto crítico de inflexión, la inacción se apodera de las administraciones tomadoras de decisiones. Así, se aplazó a 2024 la regulación de la pesca de krill y la creación de tres nuevas y necesarias Áreas Marinas Protegidas (AMP) en el Océano Austral, que darían esperanza a la vida silvestre y reducirían la presión de las actividades humanas.

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El krill es la base alimentaria del continente antártico.
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El descenso de krill está provocando una caída del número de embarazos de ballenas jorobadas en la Península Antártica Occidental.
© CHRISTOPHER WALTON
Colonia de pingüinos emperadores en la plataforma de hielo Brunt, cerca de la estación de investigación Halley.

UN CAMARÓN, ESTRELLA DEL MENÚ ANTÁRTICO

En el centro de la red alimentaria antártica está el krill, un pequeño crustáceo similar al camarón, que es el alimento principal de ballenas, pingüinos y focas, y que desempeña una gran labor: cada año captura millones de toneladas de carbono que transporta en sus heces al fondo del océano para su almacenamiento seguro.

Pero el krill está en crisis.

Necesita el hielo marino en sus etapas larvarias para alimentarse y refugiarse de los depredadores, y es objeto de una pesquería industrial y obsoleta que sobreexplota los caladeros antárticos sin considerar el impacto del cambio climático, lo que podría provocar un descenso de más del 40 % de sus poblaciones a final de siglo.

La escasez de krill afecta directamente a pingüinos y grandes cetáceos. Ya hemos perdido el 30 % de los pingüinos de barbijo, para 2060 podríamos perder un 30 % de los pingüinos de Adelia y están bajando las tasas de embarazo de las ballenas jorobadas de la Península Antártica Occidental. Son síntomas claros de un continente en crisis a los que debemos poner remedio ya.

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En WWF vigilamos muy de cerca el impacto del deshielo antártico en las pesquerías de krill y en las poblaciones de pingüinos.

GUARDIANES DE LA ANTÁRTIDA

En WWF trabajamos en la conservación de la Antártida desde que lanzamos en 1990 la primera campaña para declararla Parque Mundial Patrimonio Mundial de la Humanidad. Gracias al apoyo en todo el mundo de personas como tú, nos esforzamos para mantenerla salvaje, próspera y biodiversa: luchamos contra el cambio climático, impulsamos la investigación y la explotación sostenible en el Océano Austral, vigilamos el estado de ecosistemas y especies clave y promovemos la reducción de los impactos humanos para garantizar su futuro.

Como dijo António Guterres, Secretario General de la ONU, a finales de julio del verano más cálido de la historia, “hemos pasado de la era del calentamiento global a la de la ebullición global… y los humanos tienen la culpa”.

Pese a las múltiples señales de alerta y las advertencias de la ciencia, se vuelve a dilatar la toma de decisiones necesarias para proteger la Antártida y nuestra propia supervivencia. El deshielo cada vez es más rápido. Confiemos en que en las próximas reuniones los líderes mundiales hagan una apuesta firme por las energías renovables y digan un claro y rotundo ¡NO a los Combustibles Fósiles! Solo así pingüinos y ballenas, la Antártida y la Humanidad tendremos un futuro con esperanza.